Nos tocaron 18€ a mis amigos y a mí en el especial de verano. 18 es mayor que 0, así que yo, que soy un optimista empedernido lo considero ya un éxito. Aunque para repartirlos entre los veinte que éramos no tocábamos ni a un café por barba. Menos todavía nos daba para todos los castillos en el aire que sin esfuerzo ninguno nos habíamos montado en estos días con nuestros planes de si nos tocara el gordo: el chalet en la playa, los cruceros, ese coche con todos los extra… Se cayeron pronto todos como naipes.
Siguiendo con la estela de sueños y deseos, hoy es mi cumpleaños. Y toca pedir un deseo soplando las velas como manda la tradición. Tienen que ser a estrenar -dice Pilar-, nunca reutilizadas. Y yo por más que me esfuerzo y me lo propongo, últimamente sólo consigo pensar en lo que ya tengo más que en seguir pidiendo nada. Como si la gratitud fuera tan fuerte que deslumbrara todo lo demás.
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Y es que joder vaya suerte.
Qué suerte de amigos hechos ya familia, con los que te agarraste de la mano hace veintitantos años (algunos incluso más) y ahí siguen a día de hoy, siendo ya una extensión más de ti. Y qué suerte de esos otros también que llegaron más tarde y los uniste como esquejes para verlos hoy seguir creciendo.
Qué suerte abrazar a mi madre. Hablar con ella siempre que quiero.
Qué suerte tener hermanos. Siempre he sido team a favor de tener hermanos. Tus primeros aliados y compañeros de juego. Qué bonito ver que ese tablero se expande ya en realidad durante toda tu vida y sabes que pase lo que pase, no juegas solo.
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La mente es también jodida, claro, y busca la mella. Y me recuerda que todo, todo no; que falta mi padre, que hoy tendría que haber estado según los cálculos que yo me hice (como si algo así estuviera en nuestra mano; qué ingenuidad la nuestra). Pero uno aprende (con trabajo, mucho trabajo) a darle la vuelta a ese dolor y decir también que qué suerte; qué suerte que coincidimos un buen ratito en esta vida. Qué suerte de contar ya para siempre con su recuerdo y de, quiero pensar, llevar trocitos de su personalidad ahora ya en la mía. Pero lo más importante: qué suerte que lo abracé fuerte y le dije tantas veces lo mucho que lo quería.
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Qué suerte quererme. Mirarse uno al espejo (con todas las lentes) y así, también con sus miedos, sus dudas y cicatrices, saber decir a boca llena vaya tío.
Qué suerte despertar en Conil con el océano de frente. Cenar pescaíto, atún de Almadraba o coquinas con los tuyos, con la piel más tostada y algo tirante oliendo a after-sun.
Qué bonito los recuerdos que vamos creando. Como el de haber conseguido juntar tanta gente bonita en algo tan nuestro como una caseta de feria. Combinar ingredientes como coraje, desvelos, charlas de barra, albero y mucho rebujito para dar vida a un rinconcito que verá ya (esperemos) muchas ferias que están por venir, creando estas a su vez y de manera un tanto poética, cientos de momentos y recuerdos también.
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Y entonces es cuando te paras, miras a tu alrededor, y piensas: ¿pero qué más quieres, chaval? Si lo tienes todo.
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Hoy es mi cumpleaños y no pido más. O si acaso, como el del chiste: que me quede como estoy. Hoy celebro lo que soy y muy importante también a los que contribuís a que sea.
Porque no creo en eso de «a pesar de los años», como si estos fueran losas que van sellando nuestra vida, sino que los recibo honrado, uno a uno, como oportunidades enormes que son de seguir construyendo esta suerte.
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Tanta, tanta, que no sepas qué más pedirle a la vida.
Feliz cumpleaños a mí.