Este año ha sido el primero en mucho tiempo en el que no hago la lista de propósitos del año nuevo. Me estresa marcar obligaciones, establecer sendas por donde caminar en los próximos meses. A mí dejadme, que no sé lo que voy a hacer esta tarde.
Adri dice que sí la he hecho, solo que es una más mental, no de las que se escriben con lápiz y papel, enfocada a mantener lo que ya estoy construyendo: los ratitos de calidad con los míos, mi rutina con el deporte, quererme más y mejor sin depender de nadie. Seguir descubriéndome.
Puede ser. Puede que haya encontrado una estación de este viaje en la que quiero quedarme un ratito más, saborearla despacito, sin preocuparme para nada de la parada siguiente.
Forma parte del proceso, supongo. Lo mismo es que después de marcar y conseguir tantas metas, también hay sitio para parar y disfrutar de las que ya llevas. Que igual que hay un tiempo para sembrar, también tenemos que darnos el tiempo de recoger. Ya llegarán otras temporadas de siembra.
Y ahora que escribo esto me acuerdo del poema de Ítaca, que Migue nos descubrió la otra noche:
(…) no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Itaca te enriquezca.
Yo que he hablado tanto de la marcación de objetivos y de la importancia de tener siempre una Ítaca en el horizonte que te guíe, ahora se vuelve para mí un espejismo que se esfuma. Y me centro mejor en cada paso del viaje; en dar cada uno como me vaya saliendo del alma, aunque esté fuera de ruta.
Oh, well; the irony. No sería auténtico si no estuviera yo también aprendiendo de todo esto.
Cuando hoy me he despertado me he pegado una hora entre las sábanas. Y he cogido el móvil y hecho una lista de cosas que estaría bien hacer hoy para sacarle provecho al domingo. Esas que no he hecho durante la semana. Y acto seguido he dejado el móvil a un lado y me he venido a desayunar al balcón y ponerme al sol como los lagartos sin un reloj que me cuente las horas.
Porque esas tareas de mi lista… pues bueno, ya se harán. Pero es que este solito tan bueno de media mañana se va. Y dice el del tiempo que lo mismo mañana llueve.
Ya se harán.
Y es que yo estoy en un momento en el que lo mismo va a costar cuadrar vernos la semana que viene para tomarnos algo pero si quieres que nos echemos una cerveza ahora, te veo en un ratito.
Dejémonos fluir.
Los que me quieren me lo aceptan con mucha sorna pero con más cariño
Me pregunto si será cosa de la pandemia. De habernos enganchado a aquella incertidumbre que se cargó de golpe todos aquellos planes que nunca ocurrieron, y ahora queremos mantenernos así. Sin una agenda. Viviendo un día después del otro.
Que hemos aprendido a hostias a apreciar el momento presente y dejarnos de tantos pajaritos en la cabeza.
Mis amigos son así. Cada vez son más los que coinciden en esto. Y también están a los que le falta calendario para llenar con planes, claro. Pues sí, cada uno con lo que mejor le funcione, que aquí todos estamos haciendo lo que podemos.
Que viajes hay muchos
y aquí cada uno está viviendo el suyo.